Serendipity.
Pero a pesar de la derrota, seguía aferrada a la creencia de que la vida no es meramente una serie de accidentes o coincidencias sin sentido, si no más bien, un tapiz de acontecimientos que culminan con un plan exquisito y sublime. Cuando murió, era una persona nueva; veía las cosas más claras. Al final, concluyó que para poder vivir en armonía con el universo, todos nosotros debemos poseer una poderosa fe, que los antiguos llamaban "fatum", lo que comúnmente, calificamos como DESTINO.
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